Beer Sheva, la capital de la ciberseguridad que Israel levanta en el desierto.

Cert (Computer Emergency Response Team) de Israel.

En mitad de un paisaje desértico, a 110 kilómetros al sur de Tel Aviv, la ciudad de Beer Sheva se ha convertido en la cibercapital de Israel. Y esto no es una manera de hablar, sino lo que allí denominan como un auténtico “ecosistema” en el que conviven startups de alta tecnología, instituciones de la administración relacionadas con la ciberseguridad, la investigación de la universidad y la medicina digital.

La cibercapital de Beer Sheva fue un proyecto que anunció Israel hace ya cinco años, con la intención de crear un macrocomplejo de 10 edificios que incluyera también a los militares, porque en este país todo el mundo cumple un servicio militar que, en muchos casos, determina también su carrera profesional en el futuro.

En estos momentos el proyecto está incompleto porque sólo hay cuatro edificios construidos y los militares de momento se resisten a ser trasladados allí desde Tel Aviv u otros cuarteles, pero el complejo ya funciona y da frutos.

Por ejemplo, según explica el profesor Dan Bloomberg, de la Universidad Ben Gurion, “en 2004 nadie hablaba de ciberseguridad. Poco después la universidad firmó un acuerdo con Deutsche Telekom para investigar en ciberseguridad, y ahora empresas como IBM o Dell tienen sus propias ramas de ciberseguridad en Beer Sheva”.

En Beer Sheva se han ido juntando multinacionales cuyo negocio tiene como punto crítico la ciberseguridad. Sin embargo, además de la investigación en este campo, hay otros dos en los que la universidad profundiza en Beer Sheva: la Desert Tech, enfocada sobre todo a optimizar el agua, la energía solar y el suelo en un lugar tan árido como Israel; y la llamada Digital Health, es decir, la tecnología dirigida a mejorar las técnicas médicas.

La Desert Tech ha despertado ya intereses en muchos países de Oriente Medio que sufren la sequía y la pobreza de sus suelos, aunque también en EEUU, por ejemplo, cuando precisamente las previsiones de muchos analistas ya hablan de futuras guerras por el agua o los alimentos.

Y en cuanto a la Digital Health, “su importancia se está viendo en la pandemia”, explica Bloomberg: “Desde las aplicaciones para rastrear contagios hasta los avances en la investigación de la vacuna, el desarrollo de estas tecnologías se ha multiplicado con el coronavirus”.

INCUBADORA DE STARTUPS

En Beer Sheva, sin embargo, lo que más llama la atención es la gran cantidad de startups por metro cuadrado. Pero el Gobierno de Israel está muy centrado en ayudarlas, porque sabe que la inversión en estas empresas genera riqueza para el país. El año pasado, el 41% de la inversión mundial en ciberseguridad se realizó en Israel.

Morphisec, por ejemplo, fue una de las empresas nacidas allí. Su CEO, Ronen Yehoshua, dice que empezaron hace siete años y hoy tienen un producto que protege ocho millones de ordenadores gracias a un sistema que prevé ciberataques en grandes compañías. “Nuestra técnica consiste en complicar tanto en el ataque, que a los agresores no les merezca la pena, porque ellos también tienen que invertir en tecnología para tener éxito. Les sale tan caro atacar, que al final desisten”.

Algunos edificios del complejo de Beer Sheva.
Algunos edificios del complejo de Beer Sheva.ANTON GOTTLIEB

WeWork es un centro de coworking de este complejo donde se juntan los miembros de la cibercapital. Allí, por ejemplo, está LAB08, que se dedica a invertir en startups a medias con el Gobierno. Y ésa precisamente es una de las claves de todo este ecosistema: estos, como inversores privados respaldados por el dinero de grandes compañías, cuentan con un inversor de lujo en el Gobierno. Por otro lado, el emprendedor tiene muchas ventajas para lanzar su proyecto.

La principal de esas ventajas es que el Gobierno invierte hasta un 75% del capital necesario en la empresa. El análisis previo del proyecto es exhaustivo, pero no imposible de superar. Y lo mejor: si la empresa fracasa en dos años, no tiene que devolver nada. Si gana algo de dinero, lo devuelve. Y si gana mucho, a lo mejor devuelve hasta el triple de la inversión al Gobierno. Pero además de estas ventajas, hay otra: “No pasa nada por fracasar”. Así lo resume Sagi Dagan, de la Autoridad Israelí de Innovación, que centra gran parte de estas inversiones. “Aquí tenemos la cultura de que si fracasas no pasa nada, porque lo importante es innovar y arriesgarse. Por lo tanto, no es un drama que una empresa cierre dos años después de abrir, ni eso significa que el emprendedor no pueda volver a intentarlo una y otra vez”.

De hecho, el Gobierno cuenta con que el 95% de las startups terminarán cerrando, pero del otro 5%, muchas se convierten en verdaderas joyas. “Cada año se crean 1.500 startups en Israel, de las que 1.300 fracasan”, según Isaac Ben-Israel, director de la Agencia Espacial y profesor de la Universidad de Tel Aviv.

Por dar algunos datos: Israel tiene en estos momentos 67 unicornios, o sea, empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares en sus dos primeros años de vida. La UE, en cambio, tiene 48.

De estas unicornios israelíes, 17 están dedicadas al sector de la ciberseguridad, y siete de ellas han nacido en la primera mitad de este año. Por tanto, la media de 1,2 millones de dólares que se invierte en cada startup a fondo perdido, y en gran medida sufragada con dinero público, no parece un derroche comparado al beneficio final.

Este liderazgo en hi-tech nace desde el instituto. En Beer Sheva hay chicos de 17 años especializándose en ciberseguridad antes de entrar al Ejército, según explica Oleg Brodt, de Cyber Labs. Este empresario junto a los mencionados adolescentes busca vulnerabilidades que suenan a ficción. Por ejemplo: hackear un ordenador con un teléfono sin conexión a internet, simplemente interceptando la frecuencia que emite la tarjeta gráfica del PC.

Todos los fallos que encuentran se comparten con el Ciber Directorio Nacional, el organismo del que depende la ciberseguridad del país. Una de sus ramas es el Cert (Computer Emergency Response Team), también con sede en Beer Sheva, que neutraliza, alerta e investiga los ciberataques que recibe el país.

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