Aumentan los daños cerebrales en espías y diplomáticos de EE.UU.

Este expediente X se conoce como el síndrome de La Habana

Un hombre en una calle de La Habana, la capital cubana, el pasado 3 de mayo

Los servicios de inteligencia de Estados Unidos –los espías de toda la vida–, andan un tanto desquiciados. Y con dolor de cabeza.

¿Disponen los rusos de un arma secreta, un artefacto de micro ondas que causa daños cerebrales a funcionarios estadounidenses destinados en el extranjero?

El síndrome de La Habana (vértigo, náuseas o dolor de cabeza) podría venir de un arma de microondas

Este expediente X se conoce como el síndrome de La Habana. En el 2016, en la capital cubana, se detectó una serie de misteriosas situaciones en las que diplomáticos y agentes de la CIA se pusieron enfermos. Sufrían vértigo, nauseas y fuertes migrañas. El origen era desconocido. Se habló de contaminación sónica de la que, por supuesto, se culpó a las artes ocultas del castrismo.

Pero cuando estas circunstancias se reprodujeron al año siguiente en China, la investigación sufrió un vuelco. Que los tentáculos del régimen cubano llegaran tan lejos no parecía probable, aunque nada pueda descartarse.

Han pasado cinco años y la cuestión no sólo no se ha resuelto, sino que ha ido a más. Estos enigmáticos episodios que afectan a espías, diplomáticos o militares que se encuentran en misión en otros países ya suman más de 130 afectados, una cifra mucho más alta de lo que se había dicho, según desveló The New York Times esta semana.

Estos enigmáticos episodios que afectan a espías, diplomáticos y militares ya suman 130 afectados

El fenómeno provoca una gran preocupación en la administración Biden. Los enfermos, unos 60, se concentraron inicialmente en Cuba y China. Sin embargo, se les han añadido otros en Europa y en diferentes lugares de Asia, algunos muy recientes.

Desde diciembre, al menos tres miembros de la CIA han sufrido serias crisis de salud estando fuera de EE.UU. Una se registró en los últimos diez días. Todos recibieron atención médica en el Walter Reed National Military Medical Center, en Bethesda (Maryland) y otros centros.

Mark Zaid, abogado que re­presenta a varias de las víctimas, ­sostiene que los números siguen yendo en aumento y que cada vez contactan con él más aquejados.

Ahora también se ha desvelado que en el 2019 un oficial del ejército destinado lejos del territorio estadounidense se vio obligado a aparcar su coche al experimentar de repente náuseas y dolor de cabeza. Su hijo de dos años, sentado atrás, empezó a llorar y solo se calmó una vez se detuvo el vehículo. Los dos recibieron asistencia médica. Fuentes oficiales expresaron la sospecha de que el uniformado era un objetivo, que la cosa no fue al azar.

La Academia Nacional de Ciencias publicó un informe a finales del 2020 donde asegura que las heridas cerebrales que sufrieron esos funcionarios se debían, lo más probable, a alguna forma de energía contra ellos.

“Esto es un acto de guerra”, dijo Christopher Miller, último secretario de Defensa en el gobierno Trump. Hacía referencia a esa supuesta arma de energía dirigida por microondas.

Rusia, gracias a viejas técnicas de la Guerra Fría y a la capacidad que se le supone en materia de ciber terrorismo, emerge como la mano invisible. “Antes de declarar la guerra a un enemigo desconocido empuñando ese arma, deberíamos saber qué es eso y si ­realmente existe”, replica Cheryl Rofer, excientífica del laboratorio nacional de Los Álamos.

Rofer cuestiona en Foreign Police los resultados del citado informe. “La evidencia de efectos de microondas del tipo categorizado como síndrome de La Habana es extremadamente débil”, remarca. “Nadie que haya propuesto la idea –insiste– ha descrito cómo funciona ese arma. Ni se han ofrecido pruebas de que una nación la haya desarrollado. Las reclamaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias y no se ha dado ni una para apoyar la existencia de ese arma”.

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