Los pronósticos científicos recientes acerca del destino del
universo, más allá de diversos matices y versiones, exhiben un
mayoritario consenso respecto de aguardar una muerte térmica de
escala cósmica, esto es: una disolución final de la armonía física
universal, y la ulterior permanencia de una materia carente de
estructuras capaces de generar vida. La cosmología plantea aquí un
genuino desafío a la escatología, ya que ésta proclama, antes bien,
una plenitud de alcance universal, cuando acontezca la resurrección
escatológica de los muertos. En efecto, el Magisterio de la Iglesia
presenta a la Segunda Venida como un acontecimiento que, aunque es
meta-histórico, tendrá lugar a la vez en la historia tanto de la
humanidad como del universo material en su conjunto. Así pues, en
esta situación, no resultarían indiferentes los posibles escenarios
cósmicos en los que tal consumación habrá de tener lugar. He aquí
una verdadera superposición de ámbitos que plantea un estimulante
debate. El Papa Juan Pablo II es, probablemente, el primer
Pontífice que percibió esta aparente paradoja, refiriéndose al tema
en una famosa carta al Director del Observatorio Vaticano en 1988.
Por Claudio Bollini de Tendencias
Científicas.